La armonía sólo admite frecuencias de números enteros, siendo los decimales el origen de la inarmonía.
La única y curiosa excepción la constituye la naturalidad del diapasón (440Hz.)
Una base matemáticamente incorrecta (12) y una escritura anacrónica no pueden contener la naturaleza expansiva de los armónicos.
Tal como se ha visto, para obtener un resultado armónico, hay que partir de la propia naturaleza del sonido. Todas las bases musicales 7, 12, 24, 36, 48... (temperadas o no), pueden ser útiles instrumentalmente pero resultan absolutamente inarmónicas en mayor o menor grado. Sólo las bases en cuyas frecuencias no existen decimales y que responden a 2n como eje de su desarrollo serial (2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, 256, 512,...), pertenecen a la naturaleza y no son discrepantes. Mediante cualquiera de dichas bases y partiendo de la serie armónica, se demuestra que (primero) equivalente al (do físico) es el único grado que multiplicado por sí mismo es igual a sí mismo (siempre sigue siendo primero (do) con lo que se fundamenta su preponderancia frente a todos los demás grados de la serie. Cada nuevo número armónico "suena" siempre al doble de la frecuencia del anterior desde 1 Hz.hasta el infinito. Estos números en realidad son siempre un 1 fecundado (que alumbra un 2) y en su replicación binaria nunca pierde su identidad inicial.
Con lo cual el Diapasón Exacto Numérofónico establece una afinación de 256 Hz. (1º a la cero en la Numerofonía) equivalente a (do 4).
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