Este trabajo presenta los fundamentos ontológicos y epistemológicos del marco conceptual de la Coherencia Universal (CU), entendido como un principio estructural y dinámico que permite describir y analizar la organización de fenómenos heterogéneos —físicos, cognitivos, emocionales, simbólicos, éticos y espirituales— sin reducirlos a una sola disciplina ni a un único nivel explicativo. La CU no se propone como doctrina cerrada ni teoría totalizante, sino como una arquitectura de lectura relacional que identifica patrones de coherencia entre dimensiones diversas de la experiencia y la realidad.
Ontológicamente, la CU se concibe como condición subyacente de organización —no como sustancia ni agente externo—, que posibilita la existencia, relación, estabilización y transformación de formas organizadas. El "orden" emerge así como coherencia interna: una relación entre componentes que sostiene forma, reduce ruido y genera sentido compartible. Epistemológicamente, prioriza la lectura de relaciones sobre la acumulación de datos o signos, distinguiendo el fenómeno (o "fuente" de sentido/forma) de sus modelos, símbolos o narrativas ("contenedores").
Se advierte un sesgo recurrente —el "error del contenedor"— consistente en confundir el vehículo descriptivo con lo que busca revelar; la corrección metodológica invierte la prioridad: atender primero a la relación productora de sentido.
Se definen constructos centrales como la Coherencia Universal (CU) (principio organizador multiescala con efectos de claridad y "fruto"), la Emoción de Coherencia Universal (ECU) (dinamismo estructural vivido que impulsa integración) y la elocuencia (expresión coherente multidimensional). El marco enfatiza un criterio pragmático-ético de "fruto" (estabilidad sin violencia, reducción de fricción interna) y se posiciona como herramienta heurística para integrar lo diverso sin colapso reduccionista.
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