Más que una bronca dominguera, de esas que el padre en su papel de progenitor responsable, da a su vástago adolescente cuando, -a largas horas de la mañana, con el sol culminando su cenit en un día que por fin se asemeja a lo que corresponde a estas alturas del año-, tras una noche toledana que por el olor a ron con miel que despide la estancia, más debería ser tinerfeña, no acaba de ponerse en pie tras los tragos y los estragos. El padre apela a su responsabilidad – a la del hijo- y le recuerda
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