Hace algunos días, en mi desesperación por cumplir con los compromisos de mi agenda, me fui a cortar el pelo y acudí con una persona que no conocía, ya que mi estilista no abrió. La situación fue que la otra persona tenía mucha gente y se puso nerviosa. El resultado: no prestó atención a mis instrucciones y, de repente, me encontré con el pelo más corto de lo previsto. A lo cual le dije: "pues córtelo ya de tajo". Quedó super corto, y aunque sí me he rapado algunas veces o me he cortado el pelo muy corto con máquina, esto no fue lo que había previsto o imaginado. Por este motivo, me sentí muy a disgusto y me llevó a reflexionar sobre varios aspectos.
El primero de ellos: mi personalidad se había desvanecido, no era yo. Necesitaba más volumen, mis patillas, mi coleta... en fin, todo se fue. Era un nuevo yo, pero sin planeación.
Ante esta situación, me puse a pensar en lo cabal que parecía "una niña de hospicio" o un "rapado del holocausto". No hay afán de comparación con la situación histórica o emocional que conllevan estas experiencias, pues un niño de hospicio puede sentir la tristeza de ser abandonado por sus padres y ni qué hablar respecto al holocausto.
El sentido de la pérdida de la personalidad, de ser tratados como iguales, como por destajo o por montón... la calidad a través del trato personal se desvanece, el sentido de individualidad de cada persona se esfuma. Esto es algo muy similar a lo que ocurre con la "globalización". Todos perdemos parte de las raíces que nos unían a nuestra tierra, la injerencia de nuevas ideas y el hecho de que todos consumimos la misma información, lo que diluye lo local. Aunque a través de los tiempos ha habido colonizaciones e intercambios culturales, nunca se había sentido tan sofocante la emergencia de ideas provenientes de una máquina, perdiendo interés en lo manual, en lo "artesanal", en lo que nos hace únicos e individuales, no en lo que se produce por modelo, esquematizado y automatizado para vender al por mayor. Esto fue lo que maravilló en su momento a Andy Warhol y que el arte pop plasmó de una manera tan sutil: el inicio de una reproducción mecánica y lo que Walter Benjamin tanto se enfocó en analizar en su ensayo.
"Todos estos elementos pueden subsumirse en la palabra 'aura'; por lo que debemos decir que, en la época de la reproducibilidad mecánica, se desdibuja el 'aura' de la obra de arte. (...) Podemos decir, de manera genérica, que la reproducción mecánica saca el objeto reproducido del ámbito de la tradición. Al multiplicar las copias, la presencia única queda sustituida por la presencia masiva."
Composiciones por el uso del color, el contraste, utilizando íconos comunes o productos de uso popular que tanto un rico como un pobre tenían a su alcance, como "una sopa Campbell's" o una "lata de Coca-Cola".
En ese momento, como mencionó Walter Benjamin adelantado a su tiempo, eran procesos ligados: la producción en masa de una época y el "cine" que estaba en su auge. Ahora, la multiplicación de medios se ha vuelto tan ruidosa que lo original cuesta, y las respuestas se replican por medio de la inteligencia artificial ante la falta de búsquedas originales e irremplazables. Por ello, surge la multiplicidad de una manera más marcada de lo que mencionaba Walter Benjamin, cayendo en una "decadencia del aura" y del sentido del objeto real y natural en su entorno de manera orgánica; no a través de la vista de otro o del ojo de una máquina o panóptico.
Tal como menciona Benjamin:
"Hacer que las cosas resulten espacial y humanamente 'más cercanas' es un deseo de las masas tan apremiante y apasionado como su tendencia a negar, a través de la reproducción, la unicidad de las cosas", de una manera tan fútil y fugaz, en la que la serialización no había sido tan marcada como ahora "a través del tiempo".
El efecto "Studio Ghibli" que menciono en mi anterior artículo es algo que se vivió a través de la proliferación de imágenes genéricas y homogeneizadas por medio de la IA. Un filtro totalmente impersonal que, aunque aparentemente se "personaliza" con algún referente fotográfico, no se "racionaliza" de una manera que implique el uso de la mano para su internalización o apropiación del conocimiento hacia "el corazón", como mencionaba Nazareth Castellanos en su video en directo en el "Museo del Prado", haciendo que el homenaje se "descontextualice" totalmente y pierda significación. La palabra propia en performance sería "embodiment" (corporalización), que forma parte de esa "apropiación del conocimiento" al tocar lo que nos une o nos hace humanos, incorporándolo así dentro de nuestras vivencias y personalidad.
La tecnología, sin duda, es una herramienta que nos ayuda a acercarnos cuando la distancia no divide o las fronteras se desdibujan... pero pienso que era más bonito recibir esas cartas de tus amigos desde otro país, con ese timbre, ese sello, su rúbrica y sus etiquetas propias de la persona, de una manera más tradicional...
All rights reserved