DONDE EL TRIGO YA NO NACE
En la tierra donde el trigo ya no nace
y el sol se esconde tras humo y metralla,
camina el pueblo con los ojos huecos,
con la memoria rota y la esperanza en llamas.
No hay himnos que consuelen a los vivos
ni rezos que devuelvan a los muertos.
Sólo el silencio, ese manto oscuro,
cubre los cuerpos que ya no tienen tiempo.
Los niños juegan con piedras y cenizas,
las madres cantan para no quebrarse.
Los viejos miran al cielo sin preguntas,
porque ya no esperan nada de nadie.
Y lejos, muy lejos, en salones tibios,
se escriben pactos con tinta diplomática.
Se alzan discursos como torres de humo,
mientras la sangre ignora qué es la patria.
¿Dónde está el mundo cuando el mundo se quiebra?,
¿dónde los pueblos que no sienten el temblor?,
¿dónde la voz que debía ser abrigo
y se volvió eco de la desolación?
Las guerras no mueren con tratados y promesas,
ni con banderas ondeando en la razón.
Mueren cuando el hombre deja de ser sombra
y abraza al otro... como su propio corazón.
J. R. Félix de la Rosa
15 de agosto de 2025
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