En un restaurante de altísima cocina, un gorila enorme se enfrenta a una experiencia culinaria que no estaba en la carta. Frente a una mesa en miniatura, sin platos y con solo unos vasos y cubiertos, el pacífico gorila no puede más. Detrás, una estantería con platos de adorno le recuerda cruelmente lo que falta en la mesa: la comida. Mientras tanto, el chef, tan pequeño como confundido, intenta explicar la lógica del “minimalismo gourmet”… sin mucho éxito.
El gorila, gritando, le dice al chef:
—¿Estrellas MICHELIN? ¿Me tomas el pelo? ¡Aquí hay vasos, cubiertos y ni rastro de comida! ¡¿Me estás sirviendo aire con cubitos o qué?!
El chef, sudando bajo su gorro:
—Es… una propuesta conceptual, señor. Una deconstrucción sensorial del acto de comer. Muy apreciada por la crítica.
El gorila le mira fijamente, luego a la estantería llena de platos decorativos, y ruge:
—¡Pues tráeme uno de esos platos de adorno, por lo menos disfrutaré del arte!
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