En términos generales, las principales teorías evolutivas o evolucionistas (Darwin, Wallace, etc.) sostienen que las diversas y variadas especies constituyen el resultado de miles y millones de años de mejoramiento.Tal como lo propuso Charles Darwin, éstas se basan fundamentalmente en dos principios:
1. Un origen común:
Existió un antepasado único y un ancestro para cada especie.
2. El crecimiento poblacional vs. la escasez de recursos vitales:
Según el economista clásico inglés Thomas Malthus, la población crece geométricamente, se duplica cada 25 años, pero los medios de subsistencia aumentan de manera lineal.
Por lo tanto, los seres vivos luchan por obtener recursos escasos y solo sobreviven los más aptos que transmiten las características genéticas a sus descendientes.
Sin embargo, hay un aspecto crucial que cuestiona poderosamente a las teorías evolucionistas: a diferencia de otras especies, el homo sapiens no evoluciona. A pesar de los avances tecnológicos, el supuesto eslabón perdido entre el simio y el ser humano no ha podido ser encontrado, ya que simplemente el mismo no existe. Las evidencias sugieren que el ser humano apareció un día en la Tierra. En ese sentido, la versión religiosa judía-cristiana es más creíble que la científica.
Cabe destacar que seguir apoyando a las teorías evolucionistas o diseñar otras (que de cierta manera, favorecerían al creacionismo), constituye un gran dilema para la comunidad científica.
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