Una línea de órgano da la bienvenida. Se cumple un sueño. La alegría de la llegada recoge voces, campanadas, música en la calle... la propia “bienvenida” dentro da la basílica, y el aleluya final dentro de la catedral. Gaita y flauta rememoran lo duro y bello del recorrido, resolviendo el final con gaita y órgano de tubos, dejando que éste, y unos coros, traten de expresar ese colofón...
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