Algunos sostienen que ¨El ser humano en el vientre, come, duerme, bebe, y vive. Es un ser humano que merece nuestra protección y respeto. Es un ser humano con la dignidad, dada por dios, que no se tiene que destruir o dañar¨.
El trabajo "pro-vida" sale del corazón y del alma, no del cerebro.
No es posible hablar del "derecho a elegir". No es un derecho "elegir" quitarle la vida a otra persona.
Otros plantean que ¨debe reconocerse que un embarazo no planificado plantea dolorosos y difíciles dilemas, pero acudir para resolverlos con un acto deliberado de destrucción, es desechar los recursos del ingenio humano, dando una respuesta negligente a los problemas sociales.
La negación del derecho a la vida a seres humanos no nacidos segrega a toda una clase de personas que son miembros de la familia humana, convirtiendo al embrión o feto en un ente legalmente separado y en condiciones de desigualdad con respecto a aquellos miembros nacidos de la familia humana, quebrantando el principio constitucional de la no discriminación, el cual prohíbe el establecimiento de leyes que atenten contra la igualdad de todos los miembros de la familia.
La segregación legal de seres humanos no nacidos del resto de la familia humana degrada y despersonaliza la humanidad del no nacido, estigmatizándolo al colocarlo en un plano de inferioridad. Esta segregación legal relega al bebé al estatus de una cosa que puede ser asesinada con impunidad. Como seres humanos legalmente inferiores, los embriones o fetos están a la merced de aquellos seres humanos legalmente superiores que literalmente detentan un poder arbitrario de vida o muerte sobre los no nacidos.
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