La naturaleza humana puede llegar a ser apabullante, cruel, injusta e irrevocablemente frágil. Una fragilidad que solo las personas capaces de amar pueden detentar. La humanidad está abarrotada de historias en donde el amor ha sido el arma más poderosa en contra de cualquier enemigo...
¡Tonterías!
A eso que le llaman amor es colocarse una frazada endeble y vulnerable. El amor puede convertirte en un ser manipulable... De eso estaban conscientes los Guerreros Japoneses.
En busca de crear un arma letal en contra de su enemigo, Shiru Takeda fue en busca de un niño nacido el tercer día del tercer mes, que, según un antiguo mito, nacían los Ángeles Caídos. Este ser crecería con una norma que cargaría por el resto de su vida: el amor no da paso a su alma, su único objetivo es servir como guerrero, y de eso Shiru se encargaría.
«Nacido como Ángel Caído, condenado a una vida sin amor; será un alma negra, guerrero de piedra. Vida por toda la eternidad, amor será mortalidad. Yo te condeno a la vida eterna sin amor, y si este hace cabida, la muerte se llevará la vida».
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