CIELO DEL TROVADOR
Porque vengo del olvido,
ni soy bienvenido cantando por qué.
El mundo ya no está lejos,
tan joven y viejo, es eso que ves.
Cantor, cambiaron las llaves,
quién ladra, quién sabe, quién hace, quién es.
Elegirán el tamaño
de los desengaños que te hagan rimar.
Por qué los vasos no besan
y la lengua pesa según el juglar.
Viento de todos los años,
regresa a mis labios la curiosidad.
Cielo del trovador,
yo tengo una pregunta.
Pa’ que dure mi canto,
no la respondas nunca.
Cómo yirar embrujado
sin enamorados al amanecer;
por qué los gallos destrozan
la indómita rosa, el otro en la piel.
Qué precio tienen mis versos,
si es falso ese peso y hay sabios de a pie.
Dónde la fórmula, el signo,
el mapa escondido, las islas del bien.
Cómo sumar los caminos
si no hay colectivo que lleve al Edén.
Si no lo canto, me oxido;
si no es como un silbo, la vida, qué es.
Cielo del trovador,
yo tengo una pregunta.
Pa’ que dure mi canto,
no la respondas nunca.
Dicen que reza dos veces
quien canta sus duendes, sus penas de amor.
Irán mis versos herejes
pecando en el vientre de mi religión.
Si hay misa en una guitarra,
Violeta es la Parra, y el vino de a dos.
Maestro, alumbre mi lápiz,
mi santo Yupanqui, mis dudas son mil:
cómo armonizo la sangre,
la idea y el hambre, qué acorde es el fin;
qué tiempo el de los amores,
si no hay trovadores que afinen por mí.
Cielo del trovador,
yo tengo una pregunta.
Pa’ que dure mi canto,
no la respondas nunca.
Letra y música:
Fernando Montalbano.
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