Debo ser una de las últimas personas que vio “A Star is Born”. Y si lo hice, fue por puro insistencia. Por puro insistencia del cine, claro, que se negó a quitarla de su cartelera, o, mejor dicho y para no sonar tan negativo, la mantuvo durante más de tres meses desde su estreno. Aquello, comparado únicamente con Bohemian Rhapsody (que sigue ahí), es un verdadero logro para cualquier película; sobre todo en la actualidad, donde llegar a las seis semanas de exhibición ya es considerado un éxito.
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