Entendí que la vida no es como en los cuentos de hadas; conocí la otra cara del amor, la que traía desveladas, ojeras, llanto, destrucción. Busqué desahogarme, y fue cuando mis dedos cobraron vida propia, comenzando así las primeras líneas de mis escritos, convirtiéndose estas en párrafos. En ese momento me di cuenta que no pararía hasta poder expulsar de mi sistema todo el daño que me hiciste, que te hice, que nos hicimos. Porque fuimos alto tóxico, e inestable, tan loco como dos adolescente que creen, pero no están enamorados.
All rights reserved