De muchos es el placer compartido de sacarse por un momento los zapatos, aquellas frías prisiones, y dejar que los pies deambulen libremente. Ni siquiera los médicos tienen reparos en argumentar lo beneficioso de este ejercicio.
El pasto húmedo acariciando las plantas, una zona tan suave y delicada; la tierra dejando pequeños fragmentos cafés, un recuerdo de si misma en nosotros; el agua mojando nuestros pies, fría y refrescante, luego del arduo caminar; las piedras dificultando el paso, presu
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