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Ningún mal atravesó nuestras puertas. Siempre esperamos que viniera de fuera.
La soberbia, la envidia, la sed de poder y la vileza, le pusieron un velo oscuro a la luna, cegando a nuestra madre, censurándonos a sus ojos.
Los mismos dones que un día nos ensalzaron, hoy nos condenan. Vagamos sin sentir, caminamos sin ver, sin saborear. Todo lo que el mundo nos regalaba, nos fue negado. Nos dejaron el tiempo, pero nos quitaron
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