La dignidad de un país, de un pueblo, de un grupo humano, se mide en el modo en que trata a sus miembros más débiles pero también en cómo lo hace con los más destacados. Cervantes es buen ejemplo. Alavado por todos como genio de las letras castellanas murió solo, pobre y olvidado. No es quizá lo peor, tal vez lo sea que muchos sigan dando por muerta su obra y se nieguen a reconocer que su pluma e ingenio siguen vivos, a disposición gratuita de todo aquel que se atreva a leerle.
El trato que las
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