Jorgito había cumplido ocho años. Era huérfano. Perdió su madre al nacer y su padre, entregado al alcohol, falleció tiempo más tarde. Fue de mano en mano entre parientes, vecinos y amigos. Y así sucedió hasta que todos se cansaron de aquel bebé que ya no era más un bebé y no lo mandaron al colegio. Tuvo que salir a trabajar.
Jorgito jamás tuvo un regalo de Navidad, hasta que un día, por esas cosas mágicas que tiene la nochebuena, tuvo el mejor regalo de todos.
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