Estábamos cansadas de tanto Madrid, de la cuidad. Decidimos cambiar los barrios de Salamanca, Prosperidad y Chamartín por un poco de aire fresco de las afueras. Claro que no nos fuimos muy lejos ni muy a las afueras. A pijolandia. Lexus por aquí, Lamborghini por allá, algún BMW de esos de seis metros de largo, no de los baratitos esos asequibles que se ven a diestro y siniestro, no. Cochazos en toda regla eran los que aparcaban, calle arriba, calle abajo, los aparcacoches de pijolandia.
A tope.
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