Debe de haber cientos, miles, millones de jóvenes como yo. De eso estoy seguro.
Los estudios no eran mi prioridad, a pesar de que sabía su importancia. No me llamaba la atención ninguna rubia sexy de mi escuela. Vivía con mi madre y hablaba poco con mi padre. No era un chico popular que iba a fiestas los viernes, más bien, era todo lo contrario. No me sentía único y especial, porque realmente no lo era.
Un escenario algo común para un adolescente normal.
Sin embargo, la vida misma se encargó de mostrarme una realidad diferente. Una realidad que me llevaría a descubrir que, después de todo, tal vez, sí era alguien especial.
Aunque no lo crean, mi verdadera historia, inició un viernes, con una silueta de ojos rojos, una cabra, y mucha sangre.
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