Puede decepcionarte el mundo a tu alrededor cuando cae la venda de tus ojos, que mantenía sujeta tu mirada a una realidad utópica. Tendrás sentimientos encontrados, pena, enojo, y tal vez perderás el rumbo en los propósitos; pero si sumado a eso se derrumba tu amor y te hiere la ingratitud del hijo, sentirás que no te queda nada. Y es entonces cuando es menester comenzar de nuevo, reconstruyendo tu fe y tu esperanza. Fe en ti para superarlo y también en algo más grande que tú, fuera de las miserias de esta Tierra. Deberás reinventarte en la esperanza, al reconocer que si el mal te arroja al piso, el bien te da una mano y te levanta.
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