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2403257482779
Una tacita de azúcar
03/25/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/U/unatacitadeaz.pdf Y dale con que qué estoy pensando, que siempre me pregunta Facebook. ¿En qué puedo estar pensando? Pues estoy pensando, como todo el mundo a estas horas y aunque es obvio que huelga decirlo, en la ecuación de Bernoulli. O, bueno, todo el mundo quizás no, pero mi vecina... Que lo sé porque me había puesto a hacer un bizcocho y, anda, el azúcar... Así que fui a pedirle si me prestaba una tacita, y ella dijo "no", no y que no fuera burra, "Susana". Pero como no me llamo Susana entendí que no era a mí, y en vez de mosquearme esperé a que terminase su conversación por el móvil. Entonces fue cuando lo dijo, sacudiendo la cabeza y con los ojos en blanco, que estaba más que harta "Susana, de explicarte todos los días a la misma hora que la que tú dices es la de Nernst y que no se parecen en nada". Y colgó. Colgó y, retomando su tarea de poner el suavizante a la lavadora, se volvió hacia mí y me dijo "mi cuñada, que no se lo consigo meter en la cabeza". Y que le dijera yo, por favor y desde la más absoluta imparcialidad, si me parecía que se parecían en algo. - ¿Tu cuñada y tú? - le contesté. - ¡No, mujer! - escandalizadísima - Te digo la de Bernoulli y la de Nernst. - Ah, pues... Y debe de ser porque me vio cara de pez que se compadeció, y aunque volvió a sacudir la cabeza y poner los ojos en blanco me lo explicó; sí, que eran ecuaciones. Y cuando ya salía me dijo que la perdonase si no había estado muy amable, que su mal humor no iba conmigo, pero que su cuñada, tan burra, la sacaba de sus casillas. 11 de marzo de 2018
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2403257482052
A la ilusión
03/25/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/A/alailusion.pdf No me digas que no sabes a quién estoy yo queriendo, porque si tú no lo sabes ya me dirás a quién puedo preguntarle sin que digan que pues que a ti y que soy necio. Necio porque no eres buena, necio porque eres muy falsa, necio porque hasta dormido sueño que cuando despierte serás y no te soñaba. Así que no me lo digas, por favor, que no hace falta, para que nadie se entere, ni siquiera tú, mi amada, de que quiero a quien existe sólo en sueños que son… nada. Nada, nada, sólo sueños; y tú, mi ilusión, muy falsa. 11 de abril de 2016
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Alborada, de el poemario Correrías
03/23/2024
Francisco Albiac Samper
Boceto para el poemario Correrías
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Absolución
03/22/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/A/absolucion.pdf Verlos dormir es como contemplar el Absoluto, en estado puro y sin interferencias. Cuando duermen lo hacen con dedicación conmovedora, sobrecogedora casi, como con el total convencimiento de que es eso y ninguna otra cosa lo que procede en este mismo momento, y sin echar cuenta de si va a proceder o no en cualquier otro o de si la vida deparará el tal momento. Sin inquietud, ignorantes y despreocupados de si en cualquier instante algo los despertará con sobresalto. Si eso ocurre, se asustarán, por un instante hasta comprobar que no había motivo para dar un respingo; pero será sólo susto, no miedo instalado en su ánimo, no temor alentado por presagios ni presentimientos. Dicen que los animales presienten (cuando los hay) los peligros. Pero han de ser peligros verdaderos como truenos, por ejemplo, o pasos en el descansillo de la escalera que no son los de los vecinos a que ellos ya están habituados o, como en el par de noches aisladas en las que estuvo Jerry, interesado en aquellos seres de otra especie que “sabía” permanecían silenciosos, agazapados y alerta, tras aquella puerta cerrada en el pasillo. También ellos lo “sabían” a él. Saben también cuándo, cuando cierro la puerta de la cocina, es para poner en los platos el paté que a ellos les gusta. Puedo cerrar la puerta de la cocina por cualquier motivo y ellos continuarán cada cual, con sus asuntos, sin inmutarse; pero si cierro la misma puerta, con el mismo gesto, llevando en mente que voy a ponerles el paté, no habré llegado al aparador en el que están las latitas cuando ya estarán todos ellos sentados, en el pasillo, aguardando ansiosos y clamando impacientes “miau-miau”. Cómo pueden saberlo no lo sé, pero lo saben. Pero es su verlos dormir lo que me fascina, lo que les envidio, quizás porque para las personas no es frecuente que al quedarnos dormidas no estemos albergando, en algún rincón de nuestra mente, alguna preocupación, aunque sea tonta, algún “mañana tengo que acordarme de (lo que sea)”, algún sinsabor ocasionado por cualquiera de esas incontables a veces diminutas contrariedades que depara el cada día. Ellos, no. Ellos viven su instante con perfecto desasimiento. Como si el mundo y la existencia terminasen justo ahí. Y cuando beben, y cuando comen, y hasta cuando defecan. A los perros les pasa también. Y a todos los animales — en lo que he podido observar en documentales (esos de la 2 de los que suele decirse que todo el mundo dice ver y no ve nadie) y cosas así — con facciones que pueden recordar a las humanas y expresiones (en sus caras) que pueden hacer pensar que están pensando en lo que estaría pensando un humano que estuviera poniendo esa misma expresión en su mirada… Defecando he dicho, sí. Y es que es muy bonito (sí, bonito) mirarlos defecar con su vista puesta con enorme atención en el frente, en un punto indeterminado pero muy concreto y muy exacto, y sin pestañear, reconcentrados, como si el apartar la mirada de ahí los fuera a hacer perder el hilo de algo sumamente importante y de una trascendencia tal que la pérdida sería del todo irreparable. Los humanos hacemos varias cosas a la vez. Y todas regular. Los humanos no aplicamos todo nuestro saber a cada cosa que hacemos. Y las hacemos a medias. Los humanos no nos entregamos con tanta entrega. Y nos quedamos, así, sin entregar. Ellos todo lo hacen bien y por completo. Ellos están en perfecta sintonía con su Ser e integrados en el Cosmos del Dios que los creó. No tienen, como tenemos sí nosotros, que alcanzar ningún perdón. 25 de julio de 2014
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2403227423276
Aconteció
03/22/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/A/acontecioenun.pdf Aconteció en un lugar amargo y, al despertar apenas escondido, resucitó de espaldas al presagio del no olvidar por nunca el siempre esquivo extraño colofón de los desvíos a que condujo, a paso rápido y preciso, el desterrar del alma los avíos que dieron ser, en los huesos ya desnudos, al discurrir sediento de los ríos en pie de paz, amor y el siempre vivo fulgor de los rayos anodinos de un otra vez, más recio y menos aterido, helado sol tremolando entre suspiros. 11 de febrero de 2018
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2403227422125
Brindis al solecito
03/22/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/I/intervalo.pdf El puerto de embarque del sol naciente fue vaticinado por el hijo pequeño de la noche estrellada — tachonada de la reverberación del bailoteo, del taconear bullicioso de constelaciones que le martilleaba en las sienes plateadas — un amanecer de primavera en que se hallaba ella, como era su costumbre, apartando los rincones todavía en penumbra que habían ido dejando caer indolentes, despaciosas, aquí y allá por entre enanas y rastros de cometas, las horas que la madrugada se obstinaba en reclamar como suyas, de su propiedad y de su sangre, por las que desde la posición de madre amantísima que se arrogaba aseguraba a quien quisiera oírla que estaba dispuesta a dejarse matar, cortar los rayos más rutilantes de cualquiera de los luceros de los distintos albas de sus más variopintos y menos imaginables mundos o, si le dieran a elegir, a contemplar impasible cómo Andrómeda y El Cisne brindaban un poco achispados con el último whisky con soda antes de batirse en retirada. Siempre le había parecido bastante estúpida aquella criatura pálida que se agarraba de sus faldas, asustado el muy tonto de adentrarse en el nuevo día. ¡Si ella pudiera! Se enderezó con una cierta dificultad y una verdadera sinfonía de crujidos de sus pobres y tan cansados huesos; y caminó despacio hasta el borde de su universo con las manos, tan nudosas, cargadas de pesadillas que miró cómo revoloteaban antes de perderse en el vacío de aquel otro lado de la nada. 18 de noviembre de 2010
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2403227421999
Concatenación
03/22/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/C/concatenacion.pdf La concatenación del adjetivo con la cuadratura del círculo, implementada desde el titilar verdicansino del zozobrar ignífugo de la tercera vértebra dorsal, desenmascara el pelaje transversal pero nunca conspicuo de la contrafrecuencia con que se decanta el do de pecho hacia la fungibilidad del tremor, tan acusado, del cuarto no necesariamente oscuro, ni de espadas, pero sí menguante. Es entonces cuando, constreñida hasta el límite último de su pequeñez, la frecuencia, no continua del todo pero tampoco (y en ausencia de resolución precisa) discontinua o carente por completo de armonía, se enroca en veleidades de a las tantas ― o menos, a ojo de buey ― que, para usufructo de los descontentos proclamando a los cuatro vientos (y un retal de vientecillo remolón, que se desestimó) que los altavoces anunciaron iban a ser puntuales se presentaron, sin aviso previo ni (por añadidura) un mínimo de cautela, de muy buena mañana y desentendidas por completo y sin rubor de si era de autos, o de abril, o de tormenta… 29 de marzo de 2017 a las 5:59 horas
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2403137322195
Corazón contrito
03/13/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/Desvi/corazoncontrito.pdf Pérgolas, amianto, credenciales, calamitosas transcripciones de aguaceros trayendo, entre sus acusantes conquistados, brozas y otros desguaces clamorosos, que, al descarte, prorrumpen en detrimentos de a más trámites, para, sin detenerse a tomar resuello ni un bocado, abalanzarse a degüello y con equilibrio no menos abrumadoramente plano que un trocar de guarismos por detritus encumbrados, y descender, a toda cautela festoneada de ostracismos, hasta la salvedad hecha, de puño y letra derramada, con voz y advertencia de no desviar la mirada ni el lento o a veces sinuoso deambular prometedor de la anuencia. Y, lo más importante, sin protestar ni ponerse la zancadilla. Porque, puntualiza, “os conozco”. Y que chitón o, como mucho, a las cuatro menos cuarto en punto. 19 de febrero de 2023
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2403137320009
Correr a cielo abierto
03/13/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/C/correracielo.pdf Correr a cielo abierto, sobre tumbas desnudas, con los ojos cerrados y sintiendo en la piel el tacto de la tierra. Cerrar a cal y canto los ojos a qué quiero no ver por no juzgarlo, por no saber que siento dolor al enjuiciarlo. Calmar la sed que empapa el clamor de palabras renunciando al derecho tan suyo a ser habladas. Cavilar despacito antes de no dar tregua a qué cabe entenderse por la recta conducta ajena a pareceres. Cribar con tamiz fino el grano de la paja, y quedarme tan sólo con qué ya no contiene residuos ni desechos de encubierta falacia. Contar sin confundirme cuantos cuentos se cuentan lejos de confortables fuegos de chimeneas que dicen de princesas, dragones y fantasmas. Calcular la medida exacta de la entrega con que debo no darme a ceder a quimeras ni a abjurar de qué entiendo por verdad con certeza. Contener el impulso que alienta a no medirse ni a mirarse de lejos, con la sabía distancia que pondrá coto y veto a burlas y a lamentos. Cincelar muy finito, y sin que tiemble el pulso, los surcos que recojan recorridos que busquen un lugar en el tiempo donde no pase nada . Culminar la tarea de vivir en el mundo sin haber olvidado que morir es tan sólo romper con las amarras que conculcan las leyes terrenas y arbitrarias. Conocer el sentido de la palabra justa que no confunda a nadie cuando digo “conculcan” las leyes de que hablo, no las leyes sagradas. Enterrar en las tumbas desnudas de que hablo el correr de las horas que he dedicado a penas y a apenas diez cigarros. Y romper la cadencia decadente y malsana de ceñirme a la norma que por jugar me impuse de conjugar sonidos con ritmos y palabras y expresión de deseos que no sé si me agradan, me oprimen o me enfadan. A correr. 7 de abril de 2019
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2403137319768
Cuarto creciente
03/13/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/C/cuartocrecien.pdf Uno más entre tantos de soledad o de silencio de instantes que se encogen, asustados, temerosos de saberse pequeños, y sin voz, y tan aislados, sin futuro en el todo de una Humanidad que no desmaya en su no renunciar a ser un día perfecta, redonda y plena, sin aristas de ariscos desencuentros clavándose perversos en la Historia de la Eternidad que la sufrió y, también, a golpes de errores y de aciertos, a golpes de risa sin sentido a veces y de verter de lágrimas quién sabe si con menos, la adornó de su forma y se encadenan en el intento último de codo con codo darse fuerzas; y configuran, en lo que llamamos los que vivimos en esta pequeña bola tan perdida entre galaxias con nuestra forma de medir tan limitada ‟tiempo” que se escapa entre los dedos de las manos que forjaron en su hacer las cadenas, alientos que se desvanecerán entre las garras despiadadas, despaciosas del tan preciado invento. 12 de enero de 2011
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2403137319539
Dardo marchito de desesperanza
03/13/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/D/despertadores.pdf Despertadores sonando en habitaciones vacías recuerdan al durmiente que debió apresurarse hacia su entonces demasiado próximo y ahora tan lejano para poder ya preocuparse de si lo alcanzó o fue alcanzado en el centro del alma por el dardo marchito de una desesperanza ya tardía que no encontrará su asiento entre la multitud desordenada de cuándos ni de dóndes solapándose engarzados con el hilo tan tenue de la nada posible que aguardase entre los surcos de rostros dibujados sin líneas de colores y sin rasgos sobre algún lienzo que espera que una mano lo arranque de su nula somnolencia tan presa entre las garras del ausente sentido del para qué de trazar algo. 24 de febrero de 2011
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2403137319294
De apariencias y engaños
03/13/2024
Alicia Bermúdez Merino
https://valentina-lujan.es/P/pareciahaber.pdf Parecía haber nacido tuerta y tardaron en descubrir que el ojo derecho había caminado hasta la nuca para, desde allí — y dando un giro inesperado a su trayectoria con el que nadie contaba ni al amor de la lumbre en invierno ni a los niños para que cogieran el sueño en sus camas —, dirigirse, sin levantar unas sospechas que amén de innecesarias iban a resultar sumamente engorrosas de acarrear, al pueblo llano que, enfebrecido, profería gritos e insultos contra una diligencia perezosa que, haciendo oídos sordos y bocas deslenguadas que iba depositando en cajas diseñadas ex profeso para su posterior distribución tras ser debidamente precintadas, le prestaba toda la atención de que era capaz pero, y eso conviene reseñarlo, a un interés tan exorbitante que, alegaban los padres de familia — en defensa propia y detrimento de velar por la de unos vástagos que, privados de un representante legal, se acogían en pavoroso desorden bajo la protección de unas entendederas más bien cortas aunque sí bien dispuestas —, no les iba a ser posible satisfacer en un plazo que no daba lugar a más dilación que aquella a la que pudiera accederse por medio de una trampilla practicada en algún juego de naipes y, en honor a la verdad que deambulaba errática preguntando que para qué ya si alguien le había arrebatado su sentido del decoro, enormemente pequeña pero tan bien hecha y con tal pulcritud que, por temor quien más y quien menos a ser tachado de suspicaz o desagradecido y a que en consecuencia se le denegara el salvoconducto pertinente y tener por tanto que quedarse en tierra de fuera nadie a saber quién, se tomó la decisión de ignorar en tanto, al menos, no fueran tomadas las medidas oportunas que (sin oprimir ni resultar en exceso holgadas) se ajustaran a un derecho que además de no ser el de marras ni de color idéntico no sería civil ni tampoco del todo canónico pero — si la suerte acompañaba o tenía la deferencia de mantenerse a una corta distancia — sí lo bastante cortés como para, si no propiamente deshacer un entuerto que podría resultar jocoso por tan por traído tan por los pelos, ofrecerse a cubrir la vacante y poner así fin al agravio arriba mencionado que, por causa de un error de apreciación del todo estúpido, viniera ella sufriendo desde su nacimiento. 4 de mayo de 2015
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2403137319201
De la eternidad y de lo eterno
03/13/2024
Afrodita/Alicia
https://valentina-lujan.es/D/delaeternidadydelo.pdf Términos que utilizamos con ligereza sin saber qué significan fuera de los límites de nuestro entender y de nuestra percepción. Porque los humanos no podemos, desde nuestra finitud, alcanzar el sentido ni la dimensión de nada que quede más allá de los límites a los que por nuestra propia condición tenemos acceso. De hecho, cualquier concepto, o idea, o sentimiento, a los que llamamos eternos terminan demostrándonos que en realidad no lo eran; no eran la réplica, la imagen que tenemos en nuestra mente de lo eterno. ¿Habrá que entender entonces que no existen realidades eternas?, ¿o tendremos que admitir que sí, o que tal vez, pero que son realidades creadas no a nuestra medida y no para nosotros? ¿No será tal vez que las eternidades de las que nos asimos no son realidades? Todo lo que habita en nuestro cuerpo, y en nuestro intelecto, tiene forzosamente un principio y un fin; y todo lo que el cuerpo y el intelecto pueden abarcar tiene ineludiblemente que tenerlos también. Pero llamamos “eternas”, tan desahogados y sin pararnos en barras, a contingencias que se dan en unas circunstancias concretas (y quizás irrepetibles, sí, pero) que, y para eso son circunstancias, dejarán de tener entidad tan pronto la sustancia en que se asientan cambie de estado o de lugar o de tiempo o de modo. ¿Por qué nos cuesta tanto admitir algo que sabemos? ¿Por qué nos obstinamos en fantasear eterno ese pequeño, limitado, mensurable y siempre terminable sentimiento al que llamamos amor? Y no pretendo decir que es que no existe; pero sí que no lo conocemos, porque no nos cabe. No nos cabe cabe2 la sensatez o la razón. 20 de octubre de 2012
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2403137319164
De venir y no llegar
03/13/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/D/deveniryno.pdf Que los altramuces se enemistaran con los cormoranes no se debió ― en el decir ceceante de ciertos ángulos rectos que en su preocupación puede que excesiva por no parecer obtusos llegaban a resultar ridículos alardeando vanidosos de un acento abiertamente cerrado ― a ciertas manifestaciones desafortunadas de las buganvillas que, si bien no multitudinarias ni del todo contrastadas pero sí fervorosamente secundadas por los bancos de peces (de colores unos y de tres patas los de algunos artesanos otros) que, sin perjuicio ni de la inconsistencia de las tales ni de la dudosa realidad tan a ojos vista inestable o en precario de los cuales, se empeñaron en adherirse no como las lapas que no eran no a las rocas del acantilado sino como último recurso malamente trazado y prendido con alfileres a la causa de que bajo la sombra del argumento de la teoría de lo relativamente sencillo que hubiese podido resultar el sostener que el alegato de los desalados hubiese debido en bonísima lógica ser el primero y protestando, por añadir algo, de que se le clavaban en las costillas si bien ― y eso hubo que reconocérselo aunque se tardó un rato en darse cuenta de quién era ― impecablemente presentada con guantes de seda roja y sus inseparables tacones altos, a quien se recomendaba ofrecer asiento en un día tan caluroso como de memorable regocijo era al anciano precedente con su clavel en el ojal y reloj de cadena al cinto. 22 de junio de 2017
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2403137319096
Del brazo de las palabras
03/13/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/D/delbrazodelas.pdf Déjame sola le dijo la soledá a la querencia por arrimarse cansina a recuerdos que traían remembranzas de pesares y resabios de contritos paticortos resquemores y lengüilargos sonsones repitiendo a cada paso que de mí quería llevarme más que yo me resistía “no te lleves el disgusto, déjalo que aquí se goce de plañir sereno y libre de risas que si te aguardan mal augurio a él le darían”. Y la querencia callaba, y ya ni querer quería ni llevarse ni dejarse ni disgusto ni cansinas mil traídas y llevadas retahílas repetidas por las voces que se daban, arrimándose o sin rima, en partida y retirada la mitad que se medían viejas lágrimas vertidas y en llegando, sin dar ruido que diera lugar a oírlas, las palabras que dijeran bocas que ya no darían a pregonero algún cuarto ni lamentos a cuartillas. Y soledad y querencia que por mí se debatían se tiraron de los pelos y al degüello en sus porfías por ganarme y por perderme sin importar qué quería perder o ganar el alma que en el mi interior latía viendo cómo se enzarzaban en enredos que darían al traste con los afanes que a las ambas dos movían impartiéndose mandobles que a la larga doblaría el brazo de las palabras que a mi mano llevarían a trazar tan solo cantos de alabanza en mis cuartillas. 13 de enero de 2015
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Desastre
03/13/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/D/desastre.pdf Cuando a la vuelta de la esquina regresaba la primavera asomó, a la ventana, el tercer segundo del cuarto oscuro que, armado de una paciencia que encontrase a la tenue luz de una razón adormilada en un rincón del de las escobas, recogía los cascotes dispersos de un silencio roto en lo que alguien dijo – a puro voleo según pudo comprobarse una vez reparada la avería que tuvo a todo el barrio sumido en pavorosa hilaridad durante litros que anegaron, por cierto y hasta la saciedad, de alcurnia las alcantarillas de los ya de por sí muy exiguos pábilos – mil pedazos. 17 de febrero de 2020
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Díselo a quien quiera oirlo
03/11/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/D/diseloaquien.pdf Díselo a quien quiera oírlo, muéstralo a quien quiera verlo, arráncalos de su sueño y lánzalos al vacío, a la nada y dales luego la vuelta por el camino por el que ya no recuerden de dónde vinieron luego ni adónde llegarán antes de que los zarandee el día en que despertarán muertos al olvido de ambiciones que les trajeron tristezas y voluntades perdidas en arrogarse derechos que no llevaban consigo más que delirios de hambrientos desterrados de sus almas a errar ciegos por sus vidas. 5 de abril de 2018
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En el mundo de Orwell
03/11/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/E/enelmundodeor.pdf Los que tenemos una edad e incluso menos (edad) es posible que hayamos leído 1984 de Orwell cuando éramos jóvenes (los de una) y jovencitos/as (los de menos). También es posible que lo hayan leído personas que en la actualidad tienen menos de veintiocho años. Pero no es lo mismo. La novela ya estaba escrita y publicada en los finales de los años 40, pero recuerdo que fue en la década de los setenta cuando al acercarse la fecha de referencia despertó un interés enorme y todo el mundo la leía expectante y con un puntito de inquietud morbosa, y se hablaba de ella, y se discutía y se emitían opiniones de si un mundo así llegaría a existir alguna vez. Por eso digo que no es lo mismo haberla leído antes de que los hechos estuvieran consumados, y pareciesen mentira, que haberla leído después. Los jóvenes de ahora (de 28 para abajo) han, si no nacido dentro de ese Gran Hermano en que se ha ido convirtiendo el mundo, sí creciendo inmersos en él e incorporando, casi sin sentir y sin cuestionárselo, que así es la realidad, y la aceptan porque a diferencia de Winston Smith no han conocido otro mundo anterior y distinto que poder añorar. No recuerdo cómo termina la historia, pero tengo la sensación de que mal. La historia actual, la nuestra de estas dos primeras décadas del siglo XXI (me temo que la crisis generalizada, no sólo económica, puede durar aun hasta los 20, qué, cómo serán, por cierto, los años 20 de este siglo, ¿locos, como lo fueron los del pasado?), no tiene como la “fantaseada” por Orwell que terminar mal. Los jóvenes de ahora no tienen, por fortuna, ningún referente ni ningún tiempo pasado que añorar, pero necesitan un mundo en el que vivir y lo crearán. Y cuando todo esto termine, y cuando los más viejos lo recordemos como tan sólo un mal sueño, los jóvenes se verán abocados a una forma nunca antes imaginada de vivir, de pensar, de sentir y de crear. 09/08/2012 12:35:41
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2403117303718
En proporción
03/11/2024
Alicia
https://valentina-lujan.es/E/enproporcion.pdf Prepara ventanas asimétricas, huevos duros y hornacinas con camafeos que van más allá de los signos heráldicos de los monótonos escudos nobiliarios que vieron los ojos de los niños que no serán viejos, ni tendrán memoria, ni vestirán ricos brocados que trajo quién sabe de dónde algún navegante que inventó leyendas de tierras lejanas y gentes distintas; prepara, también, una larga hilera de cuentas perdidas de rosarios rotos que con sus misterios, ahora mutilados, no cerrarán nunca el círculo errático de rezos cansinos que ancianas de luto y púberes sordos bordarán al paso de estrechos caminos de luces y sombras que, entre las almenas de antiguos castillos o desde lo alto de alguna promesa hurtada al destino, atisban llegadas de inviernos que hielan de miedo y de frío la sangre sedienta de venas vacías de tantos tan torpes romances perversos malquistos glosando dispares certezas huidizas que se desvanecen, tan pronto las pintan, no dejando luego tras de su caída más que el sabor acre que empaña y aviva las furias que duermen en la entretejida desventura loca de los que conciben que el mundo está hecho a bulto y capricho de los que creyeron que podían medirlo de un extremo al otro como si entre medias no hubiera resquicio para la mesura ni para el oficio sagrado de quienes sin parar en mientes renuncian al mundo y a sus menesteres. Y mézclalo todo, junto en un lebrillo, y bátelo luego a punto de nieve y a pico de pato y a punta de espada y, a partes iguales, aparta qué sientes y qué es lo que piensas cuando te entretienes perdiendo tu tiempo que a nadie le debes ni pedirle cuentas o darle bolilla a los que te quieren negar qué tú puedes ni qué lo que a ellos mal pueda traerlos al fresco o a vueltas con qué es lo que aprenden cuando, tan sensatos, se burlan sin tino y a tientas sin verse más que en el espejo de sus cortas miras y sus torpes mentes. 30 de agosto de 2012
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Ese lugar misterioso
03/11/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/S/Ese%20lugar%20misterioso.pdf El sueño. Ese lugar misterioso en el que habitamos durante unas horas, o aunque sean segundos, sin tener consciencia de nuestro cuerpo ni de nuestro entorno material y tangible. Al despertar, o, bueno, a mí me pasa, siento como si regresara de un no existir que, pienso tambien, existe sin embargo y que allí he sido. Yo. La que no conozco ni en la vigilia ni en el aquí. Pero es. Me gustaría conocerla algún día, de algún mes, de algún año; no importa de que Era. ¿O debería importarme? Ay, Que no lo sé. ------------------------- En comentario al párrafo 15.25 del libro 49 respuestas a la aventura del pensamiento http://www.aventurapensamiento.com/
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