Esa Navidad yo tenía la esperanza de que Edgardo cambie de opinión y me sorprenda con su visita. Por si acaso, teníamos todo listo para recibirlo como en su casa: sobre la mesa –casi como en Shabat- dos velas, pan (dulce) y vino (espumante), y, a su derecha, toda una familia judía lo estaba esperando: José, María, y su hijo Jesús, que en cada Navidad, cae tipo doce para ser el centro. Y bueno, es hijo único y se cree el alma de la fiesta.
Entre los invitados, estaba el tío Pedro. Un tipo macanud
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