Es el bloqueo del escritor el detonante para que el protagonista de esta historia, abrumado por la incapacidad de escribir su primer libro, y en un acto de granazón sin precedentes, se exilie durante cuarenta días («la cuaresma de la página en blanco») al desierto del Mojave, al sur de California, en busca de inspiración. El escritor, constreñido por una educación religiosa basada en los dogmas, la censura y la interpretación literal de los textos, se queda vacío, agotado de motivación intrínseca o el impulso interno para escribir por el placer y la satisfacción personal.
Inspirado por el amor de Nyen Nyen, la nacida mujer, pero reconocida como hombre, y muda que jugará el papel de musa, y del contratante, el discapacitado Sam «El Serpientajo», su àlter ego lisérgico, el escritor, ahora escritor fantasma, iniciará la árdua tarea de vivir y de buscar la inspiración, como quien inicia la penosa travesía de cruzar el desierto. Simbólicamente la voz de su cliente, el lisiado Sam, partirá e iniciará por sí mismo un periplo experiencial por el desierto, en el espacio y el tiempo, en pos del Conocimiento Secreto, en donde se cruzará con otros creadores paradogmáticos atorados en sus atascaderos, en un momento crucial de sus vidas personales y artísticas, que precedieron o siguieron a la fama: Anton Szandor LaVey, el grupo U2, Marion Morrison «El Duque», John Sutter, Mastamho «el brujo Mojave», Charlie M. «El Mago», los fantasmas de Calico, El Rey Lagarto, Frank Critzery, su amigo George Van Tassel, el predicador evangélico Curtis H. Springer, Dios, las putas de la iglesia del Amor Libre, Cheryl Strayed «la extraviada», el fantasma de Tom Joad, Aldous Huxley y la voz telefónica de
un desconocido. De ellos aprenderá todo lo que debe saber para llevar a cabo la liberación, que compartirá después con su escritor fantasma inspirado ya por el amor, con el fin de que se desbloquee y escriba su libro a cuatro manos, ÉSTE LIBRO.
El Pequeño Sierpe, reescritura libérrima o la reimaginación del clásico de El Principito de Antoine de Saint-Exúpery, alterna la pasión por la escritura con la meditación sobre el significado último de la Creación Literaria, el Amor y la Verdad. El valor de la acción idividual, el sueño como fuente y la reivindicación final de que ninguna inspiración sobrenatural intercederá por nosotros, encuentran su plasmación definitiva en la metáfora de «El Serpientajo»: añorada voz interior exhortadora de todas las personas dañadas por el el dogma de la religión y mermadas por un mundo injusto, y al que sólo mediante el amor secular, cabe regresar.
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