Nahia, una niña de 12 años, sensible e invisible en su propio hogar, vive entre los gritos de sus padres, atrapados por las deudas, y la indiferencia de los adultos. Su único refugio es Gudari, su perro, con quien sueña un futuro sin gritos ni soledad.
Una tarde, al regresar a casa, Nahia percibe la tensión insoportable de su familia y huye con Gudari hacia el bosque. Allí descubre una presencia que los observa: el Basajaun, guardián ancestral de la naturaleza. Al principio imponente y temible, pronto se revela como una figura protectora, conectando con la sensibilidad de Nahia a través de gestos sencillos, como el respeto por una flor azul.
Mientras tanto, su tía Nerea y pareja Víctor manipulan y presionan a los padres para quedarse con la casa. Nahia escucha su verdadera cara y se convierte en testigo incómoda, lo que desata la persecución. En el bosque, los adultos representan la amenaza, Gudari se sacrifica para proteger a la niña y, en ese momento de dolor, el Basajaun interviene con fuerza mítica, imponiéndose como protector definitivo.
El desenlace devuelve a Nahia a su familia con una nueva conciencia: aunque frágil, no está sola; hay fuerzas —humanas, naturales y míticas— que la cuidan. La flor azul, símbolo de respeto y memoria, sella la unión entre la niña, el perro y el guardián del bosque.
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