Este cuento nos habla del ciclo de la vida, de como tanto las personas como los animales vivimos nuestras propias estaciones: momentos de alegria, calma, nostalgia y descanso.
En la historia de Moshi, cada estación fue un suspiro distinto del corazón: la primavera le regaló la curiosidad, el verano la alegria, el otoño los recuerdos y el invierno el reposo.
Pero lo más profundo de su alma se encontraba en la lluvia. Ella era su música, su refugio y su espejo. Cuando caían las gotas, Moshi encontraba la paz que solo los seres que han aprendido a sentir plenamente pueden reconocer.
A lo largo de su vida, vivió cada sensación, cada aroma, cada emoción con gratitud. Y cuando el ciclo llegó a su fin, no hubo tristeza, sino serenidad. Porque quien ha amado la vida y sus estaciones no teme dormir, sabe que la lluvia —esa voz suave del cielo— siempre lo acompañará.
Moshi no se fue: descansó en paz dentro del canto eterno de la lluvia, su compañera, su dueña, su hogar.
Escrito por Nathali Eunice Mariel Patiño
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