En blanco y negro diluidos en el pasado. El mundo era aquel que pisábamos descalzos e inquietos, el que nuestros ojos abarcaban: tan pequeño –a nuestra medida- e inmenso para encerrarlo dentro de las manos.
Corriendo con las sonrisas de salitre, tus piernas cortas en lid para emular el compás de las mías. «¡Te pesqué!» El vacío, la invisibilidad de rodar en la orilla de un mar que ese instante mínimo no existe. Levantarnos, sacudir la arena y las marcas de los dedos. «¡Me toca!
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