Todas las noches, la niña, miraba al fondo de la pared y se reía, a veces sonreía timidamente y otras reía a carcajadas, con esa risa entre histérica y contagiosa tan típica de los bebés, luego al cabo de unos minutos, pocos, la niña se quedaba durmiendo, con una expresión placida y una respiración profunda y relajada
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