El olor de las flores se asemejaba a la amargura y a la melancolía; lo alejaba de la cruda realidad, mientras su compañero velaba por el amor eterno de aquella chica, a tan solo unos cuantos meses de la gran alegría que compartieron.
La luz de aquellos cirios parecía que destellaban chispitas de colores en tonos azules manchando un poquito la loza blanca, las llamas danzaban entre sí como queriendo protejer aquel ataúd; como si temiese que escapara de aquel sueño profundo.
Inmersos en sus pensamientos entendían que todo pasa por algo y despertaron hasta que comenzó el llanto de la pequeña criatura, como si realmente supiera lo que pasaba, era un llanto agudo y desgarrador; realmente entendía, enserio que lo hacía.
La única gente que acompaño a la damisela fueron aquellas personas que estuvieron con
ella de corazón, con ella y con su lazos
Sus pensamientos llegaron a una conclusión, como si estuvieran conectados, como si fueran uno mismo; como cuando eran unos niños, cuando inició todo.
Y era que el tiempo no espera a las personas.
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