Y fue entonces que apareció, cegando mis ojos con su luz angelina, podría jurar que su calor era palpable aún en aquel frío infernal; su voz fue haciéndose cada vez más cercana y salí de aquel trance casi hipnótico que me aprisionaba cada vez que las cosas salían mal, posó su mano en mi hombro y me abrigó con sus enormes alas. Quedé tan maravillado al verlas sobre mí, que por un instante olvidé lo que estaba sucediendo a mi alrededor; eran tan doradas que lastimaban mis ojos, pero en medio de su luminosidad pude ver claramente cuan rotas y maltrechas estaban, y sin embargo eran perfectas, nunca antes vi algo mas hermoso y a la vez tan intimidante, cada una de las cicatrices era una clara advertencia para quienes las vieran.
All rights reserved