Las personas no cambiamos a mejor poco a poco. El cambio es fulminante, repentino, instantáneo… provocado por una chispa. Como cuando un rayo alcanza a un árbol, o como cuando la puerta de casa se cierra con un portazo y en ese momento te das cuenta de que las llaves están dentro y tu fuera. No hay remedio, ni marcha atrás. Ya está hecho. Ya no eres el de antes. El árbol tiene su cicatriz y tu puerta está cerrada contigo fuera de tu refugio. De un segundo a otro el cambio está hecho. Sin planificación, ni con pequeñas dosis. Ni con miedo. Pensar en cambiar es el instante del cambio. Un cambio a mejor, nunca puede ser peor. Ahora es el momento. De compartir. De hablar sin miedo. De creer en ti. De que te respetes y de respetar. No hay futuro sin el cambio. Vuelve. Hay que despertar. Los dormidos se extinguirán. Desanda algunos pasos. Deja el camino y toma el sendero. Hay que despertar. Despiértate. Despiértate ahora. Despiértate.
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