Modesta muere casi centenaria en Italia, en casa de su sobrino nieto, que ha cuidado de ella durante los últimos años y con quien ha tenido una relación muy estrecha. Aunque él lleva preparándose mucho tiempo, siente el impacto de la pérdida como si hubiera sido una sorpresa. Necesita afrontar el duelo, pero habrá de tener paciencia. La burocracia italiana lo obligará a esperar un mes para poder enterrarla en España. Mientras espera, se refugia en los recuerdos: en los de la última década que vivieron juntos y en los relatos legendarios que su tía le hizo de esa vida intensa que acaba de terminar. En ellos, Marmolejo, su pueblo natal (que él apenas conoce) es un personaje importante. Justo el lugar donde podrá por fin enterrarla después de un mes de espera, que resultará liberadora.
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