Sol de otoño. Reencuentros.
Poesía, montañas y olor a leña.
Niños de mirada limpia y curiosa, pizpireta.
Amistad con solera, de la que no caduca, compartiendo risas, pan y mesa.
Lento transcurrir de horas con cadencia dominguera.
Y vuelta a la mala hostia, ojos como platos y el alma arrugada frente la caja tonta....
Los de siempre midiéndose las banderas a ver quién la tiene más larga, mientras el mundo se nos va a la mierda, en directo a través de la pantalla de un móvil. Consumido por el
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