Se van los años veloces como el viento y en vez de las hojas doradas, se llevan tras de sí las sombras y las luces de la vida. Y ya no quedan más que los recuerdos de cuando remontábamos el cielo con las grandes alas de la mente para alcanzar los sueños más remotos, o llorábamos la lluvia cuando se lastimaba un pedazo de alma. Se van los años y sólo nos consuela saber que el destino augura más mañanas cargadas de candor y de sorpresas, buenas o malas, pero siempre inesperadas. Y entonces nos tra
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