A Federico García Lorca.
A empujones le llevaron
desde su casa hasta el coche.
...
Se arregló la pajarita
y abrochando su chaqueta,
con torera compostura
se dirigió a sus captores:
-!Se nos hace la hora,
señores,
acudamos a la faena!
Y saliendo del negro coche,
con la mirada al frente,
caminó con paso firme
a la negrura de la noche.
En ausencia de la luna,
dos faros alumbraron
en aquella noche oscura.
Levantó sus ojos mirando,
¿Dónde está mi luna, luna?,
el hombre la está buscando...
Un fogonazo le ciega
antes de oírse el disparo.
Queda en el suelo inconsciente,
tras un aroma dulzón,
tendido, sin corazón,
sangra su sangre caliente.
Nadie en su casa le espera,
nadie le está esperando.
El aire le vela, vela.
El aire le está velando.
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