La leche se derrama desde el cielo;
celeste leche
que forma arroyo, ríos, mares
y de pronto blanqueamos,
la tierra, las almas;
las miradas que estallan de luz
mientras la leche no deja de caer
y los dioses regresan
a esos paisajes infectos de desiertos,
a esas carreteras desoladas,
a esa tristeza que te arranca el vuelo.
La leche sigue derramándose,
roja leche del crepúsculo,
rellenando cauces y pezones.
Los muelles cantan, gritan, se alborotan
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