Un acúfeno invariable
Se guardan como joyas
los besos en un cajón.
Latidos bajo llave,
atesorados en el recibidor.
Y como aves que desertan,
huyen los besos del corazón.
Queda la vena fría
la carcoma, corroe el cajón.
El cálamo mágico voló,
de serrín el hueco quedó,
y rancio, va el amor.
Una distancia insonora,
un acúfeno invariable
y el ave, que ansía olvidar,
tan ruidosa entonación,
que a golpe de martillo,
fractura el corazón,
por el amor huido,
en hastío, quedó la pasión.
Un mirar desconocido,
extrañeza en el corazón,
desgarro de amores...
donde no existe la comprensión,
lleno de temores, quedó el arcón.
Aves perdidas, sin saber donde ir,
que perdieron su momento,
y vuelan, confusas por el tiempo...
Los besos como virutas
se los lleva el viento...
Carmen Silza
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