¡Ay!, ¡qué sé yo!...
No, no me impide que ya no estés
para explicarte lo que fue mal,
aunque las cosas no sean igual
si te las piensas tiempo después.
Y es que las canas me sientan bien,
ya soy “un hombre”, ya soy mayor
y aquellos miedos y aquél rencor
se extraviaron por algún andén.
Que iba a decirte... ¡ay!, ¡qué se yo!...
Iba a contarte un... ¡yo qué sé!...
Espera... creo que lo apunté,
lo tenía claro y se me olvidó...
Lo que se estira se da de sí,
me hice más grande pese al dolor:
ningún poder te daba el amor
para vivir mi vida por mí.
Me faltó el aire y me fui por fin
pegando tumbos, acá y allá,
no fue una historia espectacular,
hace algún tiempo vivo en Berlín.
Sé que Pucela ya no está igual
la gente cambia y te fuiste tú,
aún tengo ratos de déjà-vu,
pero no me siento ya tan mal.
La vida empieza con cada sol
y ya me harté de una y otra vez
lamerme las heridas de la niñez,
de ser tan dócil como un guiñol.
Con mama hace ya tiempo dejé de hablar,
nunca cambiará y no seré yo quién
le espete las verdades, ni una ni cien;
seguro que las iba a negar.
Y hoy quería aclararte en la menor
que ya me hice un hombre y soy un chaval,
que todo me va de lo más normal
si la vida empieza sin temor.
Me tragué tus orgullos y el qué dirán,
me comían esos aires de gran visir,
tú y tus “labrarse un porvenir”,
tus “ordeno y mando pues gano el pan”...
Papa, que iba a decirte... ¡ay!, ¡qué se yo!...
Iba a contarte un... ¡yo qué sé!...
Espera... creo que lo apunté,
lo tenía claro y se me olvidó...
Que no hay derecho que otorgue el amor,
que a veces tengo ese déjà-vu:
en sueños veo tu espíritu,
se desvanece con un rumor...
Y esos días se me escapa algún mi bemol
y aún así he conseguido caer de pie,
que lo que más me duele es lo que nunca fue,
la vida empieza, que hay un nuevo sol.
Papa, iba a aclararte... ¡ay!, ¡qué se yo!...
Que iba a explicarte... ¡ay!, ¡yo qué sé!:
la luna brilla sin un porqué,
y el sol la sigue, que ya amaneció...
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