No lo dejé todo y me fui a conocer el mundo. Pedí un permiso de unos meses en el trabajo y recorrí Camboya y Vietnam sobre Milady, mi bicicleta. Tampoco encontré el amor de mi vida ¿O quizás si?
La mayor parte del tiempo viajé sola, con la única ayuda de un mapa. Conviví con las gentes, me hice entender con manos y pies, comí poco y mal, disfruté, lloré, y me reí mucho, sobre todo de mí misma. En el camino, experimenté el concepto de ligereza, aprendí a dormir en cualquier parte, descubrí que soy capaz de hacer lo que me proponga, que ver fotos de los lugares antes de visitarlos tiene sus ventajas, que la sonrisa hace todo más fácil, y que nuestro destino es justamente eso: Nuestro.
Este libro es una ventana abierta al viaje. Con el humor y la ironía como hilo conductor, se suceden evocadoras descripciones de paisajes, pueblos y costumbres de Asia, hilarantes anécdotas interculturales junto con originales lecciones de supervivencia; todo ello salpicado de reflexiones acerca del trabajo, el sentido de la vida, las relaciones personales y el amor, de una chica sensible, analítica, algo cascarrabias y profundamente despistada que –pese a sus miedos y a moverse sin brújula–, se abre camino hacia la felicidad.
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