Cuando se para, por sorpresa, por avería, un ascensor, y hay en él más de tres…, pongamos que hay cuatro calamares, o merluzos, o gusanos, la situación, inevitablemente se vuelve más violenta y embarazosa que antes de pararse (sí, porque ir metidos cuatro en una caja…no es normal, ¿no? ¿Y eso por qué?). Gafas oscuras, de esas de sol, que se dice; agua en los zapatos –no es tan raro en zapatos muy gastados si llueve-, otoño. “¿Me puede dar algo, caballero?”, y contesto: “Yo no soy un caballero, hostia, yo no te doy nada (estos pobres son…, en fin)…Bueno, sí, te doy un abrazo, te abrazo. Yo lo que te doy es un abrazo, ven, abrázame, así, ¿ves?, es mejor”. “Toma, y dos besos. Si quieres te beso en la boca. Mujer, te beso, aquí, así, que nos vean, besa, con la boca bien abierta”. “¿Ves a esa señora gorda con bigote y con mala mirada?” “Mira”. Entonces voy, me acerco al bigote con gorda y le doy una patada en la barriga, fuerte, con mala leche. “¿Lo has visto?”
Que me lleven, es igual; desde el coche de la policía, muy formalito, te mando un beso que he colocado en la mano y que soplo en tu dirección. Estatua. Eres una reina, una estrella, eres el sol. ¡Amas tanto la vida! Hay tiempo, ya nos veremos.Sol, no pidas. ¿No ves que son mierda? Te veré. Será en primavera, ¿sabes lo que vamos a hacer? ¡Molestar! ¡Que nos peguen un tiro! Incluso podríamos aguantar la tortura. ¿No ves?, si es igual. Se afanan, se afanan…para nada.El abrazo y nuestros besos han roto el curso lógico, normal, de las cosas, de la vida; hasta la Tierra se detuvo un momento, hasta el mismísimo Dios nos vio como unos desobedientes malos, pero Él sonriendo.
Sabe que la gente como tú y yo, científicos, rebeldes, locos, visionarios (esto de “visionarios”, ¡cómo suena, joooder!, en fin), raros, marginados…y otros muchos más pringadetes por el estilo son los que hacen que el Universo esté vivo, vivo de verdad, de verdad, porque en su expansión hacia ninguna parte somos nosotros, la gente como tú y yo y los otros pájaros del mismo estilo, los que lo dirigimos hacia caminos nuevos.
Pero, pringada, que sólo te conozco de verte pedir por la calle, arrastrando tus treinta –o así- años, no pidas limosna más. ¡Mátate! Violeta, helado, color violeta. Es mejor. Y ya que hablamos de esto, lee lo que sigue, momia.
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