El traqueteo la despertó. Estaba amaneciendo, sintió frío. Se incorporó despacio, le dolía la espalda. Ese incómodo colchón de hierro se había convertido en su cama, su casa, su mesa. Su vida y su muerte, su todo. Miró alrededor. Sandrita aún dormía. Juan no estaba lejos, ya despierto, bien agarrado para no caerse. Le sonrió. - ¡Buenos días señorita! ¡Feliz Navidad! Y feliz cumpleaños, pensó Fernanda. Hoy también es mi cumpleaños… pero no dijo nada. ¿Para qué? Se preguntó. En este viaje no exist
All rights reserved