Reby, junto con el lobo, son condenados a vivir en las grutas. Ella no recuerda el crimen que cometió, lo único que tiene en su mente es el nombre de Elías. Ella y el lobo se embarcan en una aventura dentro de las grutas para buscar a sus seres queridos: Elías y Sofía, respectivamente.
Pero muy pronto se darán cuenta que lo existe adentro sobrepasa la lógica y sus miedos. Las criaturas salen en la noche para perseguirlos y para condenar sus almas al eterno lamento. Su verdadera naturaleza sale a flote, mostrándose en forma de animal. Además, hay monstruos dentro de las grutas que hacen que sus miedos más grandes salgan: los entes condenados, el gigante, el caníbal y, por supuesto, ellos mismos.
Poco a poco, se revela que Elías y Sofía se encuentran muertos, y su viaje no es más que el camino del duelo. Pronto descubren el templo de las ánimas perdidas, un lugar donde se presume que pueden encontrarlos, y a donde finalmente se dirigen.
La novela empieza de manera inocente, casi como un cuento para niños, pero conforme avanza la historia, los temas a tratar se vuelven más complejos: pérdida de la memoria, mareos y desmayos como consecuencia de unas mentas, o, mejor dicho, drogas; engaño, herejía, infidelidad, violación, traición, miedos y asesinato.
Nadie en la actualidad ha salido de las grutas. ¿Qué pasó con Elías y Sofía?, ¿qué crimen cometió Reby?, ¿por qué el lobo tiene una pistola?, y, por último, ¿podrán salir vivos?
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