A Mario Lodi, que en cinco minutos me animó a seguir soñando.
Érase una vez una hoja de morera muy hermosa. Tan hermosa, tan hermosa que el viento se enamoró perdidamente de ella.
Yo no entiendo nada de hojas de morera y a malas penas consigo distinguir una morera de una higuera, pero el viento, que es todo un experto en árboles y en hojas, una tarde me susurró al oído que aquélla era, sin duda, la hoja más hermosa del mundo. Y yo le creí.
Lo cierto es que el viento, como buen enamorado, acud
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