Me cuesta hablar de mí. No me cuesta hablar sino que por ese «todo lo contrario» decoro tanto la frase que, a veces, no digo nada. No sé cómo decirte que estoy mal, triste o que siento que el mundo se me cae a pedazos y tengo miedo; que quiero, simplemente, que te quedes al lado mío, sin decir nada. Te agradezco el respeto silencioso, pero hay días en los que necesito que preguntes para gritar. Necesito gritar, no es necesario que me escuches. Tampoco pido que me abraces porque ya sé que si ll
All rights reserved