Esgrime una heterodoxia reflexiva acerca de la elaboración que el hombre ha hecho de la cultura partiendo de sus posibilidades de percepción del mundo, que no son las que cree que tiene. Propone que tal limitación perceptual resulta insuficiente para un autoconocimiento válido y cuestiona la organización del mundo basada en ese presunto conocer y conocerse. Analiza los poderes rectores de la sociedad y su efecto en una producción de subjetividad materialista supresora de una individualidad saludable. Plantea el concepto de calidad de vida psíquica como parámetro de organización de la sociedad.
Va tejiendo un diálogo filosófico entre la psicología y la cultura, y revisando nuestro entramado de creencias, trabaja con las nociones de sistema, antropocentrismo, subjetividad, y la de desalienación, sugiriendo un potenciamiento individual desde una psicología científica que sea capaz de discernir la esencia de lo humano por encima de la época; acaso en línea con esto que empieza a conocerse como Psicología de la Complejidad.
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