Si existieran los viajeros del tiempo y alguno de ellos aterrizara de repente en nuestro siglo XXI tras escapar de una muerte segura en un circo romano o conseguir burlar las llamas de una hoguera de la Inquisición, quizá podría creerse en el Paraíso porque, afortunadamente, ahora habitamos sociedades más civilizadas y pareciera a simple vista que los derechos y libertades de todos los ciudadanos son respetados, con independencia de que pertenezcan al género masculino o al femenino.
Pero, si es
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