Alonso llevaba una hora repitiendo la misma operación, sin terminar de creer lo que estaba viendo. Lo que realizaba sin cesar, era la limpieza del espejo que había en el cuarto de baño de su casa. Una y otra vez echaba limpiacristales sobre el ovalado cristal, y luego usaba con furia un trapo para dejarlo todo impoluto. Pero cada vez que terminaba de limpiar, Alonso soltaba un enorme y potente grito cargado de furia, que habría asustado a su familia de haberla tenido. Pero él vivía solo, y de no
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