(poema)
Mis pies conocen esas melodías
imaginadas…
las que nunca ha escuchado nadie ,
las que tu corazón tararea
para que yo dance.
Mis dedos conocen esas caricias
imaginarias…
que solo ha sentido la hierba
en el amanecer húmedo,
soñadas para tu espalda rocosa.
Esa música de manos y pies,
imaginaria…
y cadenciosa,
que se canta en la lengua de los dioses,
solo pueden oírla los niños…
que habitan en mis ojos.
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