Con el corazón abierto en canal al frío extremo de la llanura, se derramaba en suelo la candidez de un rostro adolescente suspendido por una muerte súbita. Lo previo no tenía ninguna importancia, apenas el miedo paralizante de los aceros desnudos cruzando el aire en busca de cuellos que cercenar o de corazas que atravesar, pero los pies sangrantes sobre el barro helado de la tundra, los gritos de bárbaras lenguas pictas sobre sus tímpanos y la pérdida del sentido de la orientación, causaron en é
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