Comía pipas sentado en un banco de la estación del tren. Pasaba la tarde sin pensar en nada, mirando la vida moverse a su alrededor. Estaba relajado, disfrutando de encuentros apasionados, caídas torpes, prisas, suspiros, gritos, personas que iban y venían con abrigos, gabardinas, chaquetas, paraguas, bolsos, bolsas, mochilas, maletas. Y él, tranquilo, mecido por …
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