Los prevaricadores tienen las piernas torcidas. Sí, sí, como lo oyes. Todo tiene su explicación y, en este caso, la vamos a encontrar en la etimología. En nuestra lengua, prevaricar es adoptar una resolución injusta a sabiendas. Esto es un delito, pero además se trata de un delito que no puede cometer cualquiera. Está reservado a autoridades
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